Domingo, 16 de Enero de 2005

POSTALES: ENTRE RIOS
Gauchos alemanes
Cerca de Gualeguaychú, descendientes de
inmigrantes del Volga mantienen sus tradiciones en un puñado de colonias
agrícolas.
Juan Pablo Casas.
jcasas@clarin.com
Transpiran Raquel Michel (pronúnciese "Migel") y Horacio Huck. Ella da vueltas y
vueltas.
El salta, pega gritos y golpea sus manos en sus muslos y piernas. Están en plena
rutina del "schuhplatter", un tradicional baile bávaro. El vestido que lleva
ella y las ropas de cuero y gamuza que viste él hacen que sientan en serio el
calor de Entre Ríos.
Raquel y Horacio, que suman 22 años de casados y 11 años de "bailarines",
mantienen vivas sus raíces. Como la mayoría de los vecinos de Urdinarrain y las
Colonias San Antonio, San Juan y Santa Celia —pueblos ubicados a un costado de
la ruta provincial 20, en un radio de 50 kilómetros de Gualeguaychú, el
principal centro urbano de la zona—, los Huck son descendientes de los llamados
"alemanes del Volga" que desembarcaron en la Argentina a fines del siglo XIX.
Pueblo nómade a causa de las guerras fratricidas que asolaron el centro de
Europa entre 1750 y 1770, primero huyeron hacia Rusia, atraídos por las
promesas de tierra y bienestar por parte de Catalina La Grande. Después,
en 1870, el Zar Alejandro II implementó una política de "rusificación" y
persiguió su religión, idiomas y costumbres. Atento a la necesidad de "gobernar
y po blar", la gestión de Nicolás Avellaneda los tentó con facilidades para
comprar terrenos y fundar pueblos. Así, cruzaron el Atlántico. Algunos se
bajaron antes y se radicaron en el sur de Brasil.
A unos 40 kilómetros al sur de Basavilbaso y de sus colonias judías,
las colonias San Antonio, San Juan y Santa Celia fueron fundadas en 1889
por aquellos alemanes del Volga, "indocumentados" de fin de siglo que
vinieron a hacer la América sin papeles ni cartas de ciudadanía.
Son desprendimientos de la colonia madre de Alvear (1878).
Tradiciones intactas
En la actualidad, sus nietos, bisnietos y hasta tataranietos mantienen las
tradiciones de los primeros pobladores. Las danzas, las costumbres y los
sabores de este pueblo —bastante alegre y extrovertido— están abiertas al
turismo en la chacra Gewonhnheit, donde el visitante hasta puede hospedarse
por un par de noches, y en Die Sonne, una quinta en las afueras de San Antonio
para pasar el día, divertirse con las actividades rurales y los caballos,
pasear en viejos "carros rusos" y deleitarse con riquísimas tortas caseras
y comidas típicas al rústico horno de barro.
Para recorrer la región, resulta preferible hacer base en Gualeguaychú,
por la calidad y cantidad de la oferta hotelera y gastronómica.
Puñado de caseríos, las colonias de los alemanes del Volga asoman como
pintorescos pueblos casi fantasmas, aunque resurgen de a poco por el
boom sojero. Recorriendo sus calles, se pueden apreciar las viejas casas
que todavía quedan en pie y las iglesias protestantes, algunas verdaderas
joyitas arquitectónicas.
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